Igual que algunas palabras juegan a colarse por mi paladar y me saben a miel, a sal o a limón; igual que algunas palabras me erizan la piel de frío, me temblequean los dientes al sentirlas como terciopelo o se me clavan como gotas heladas… igual que eso, siento voces que susurran con palabras chiquinas y dulces, algunas que me gritan hasta pincharme en lo más alto de la cabeza y otras, las más tímidas, las oigo como lápiz acariciando papel.
Porque hay frases que me suenan a punteado de guitarra, a pasos perdidos y a soledad de chelo. Querría pasarme el día escuchando el calorcito de las palabras -esas que se confiesan bajo las sábanas- y el chasquido de las juguetonas -las encajadas entre risas- para dejar las estridentes olvidadas en una caja sellada y llena de polvo. Sí, olvidada debajo de la cama, al lado de los zapatos.
Que todo es ruido desordenado y nuestro cuerpo tiene la acústica de una enorme catedral. A ver si ordenamos ruidos y con tus palabras, con las suyas, hacemos que el interior de esa catedral vibre igual que con un órgano.
Primera nota…
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Primera nota, primer comentario
ResponderEliminarEspero que estés de acuerdo conmigo en la única verdad universal que existe en nuestro mundo: el fotolog es un asco! Mucho mejor un blog como el que acabas de hacerte... más bohemio, más moderno. Y con banda sonora... for me, formidable.
No lo abandones que de no ser por estos inventos futuristas no habría leído nunca tu prosa
Por préxades
amén